Mi tiempo libre es un mundo aparte al que llamamos Chisteras Blancas. Un grupo que nace de la magia del cine, del arte de la interpretación, y del compromiso de no dejar de hace nunca lo que más nos gusta.
El proyecto que dirijo y en el que participo como realizadora, comienza en una comida entre amigos, como tantas otras, bebiendo vinos de sobremesa, como tantos otros… Día en el que decidimos que Chisteras Blancas (nombre bajo el que se habían amparado algunos cortos de bajo presupuesto realizados con anterioridad) dejarían de formarlo dos jóvenes con vocación de cineastas, para convertirse en 13 personas de distinta edad y procedencia, con ganas de sacar sus historias a la calle. Así que dedicamos los ratitos que nuestras respectivas obligaciones nos dejan a hacer cortometrajes, desde la idea hasta su proyección, pero también a hacer performaces, teatro, o simplemente escribir historias que algún día verán la luz.
En estas pequeñas producciones no encontrarán grandes efectos ni medios espectaculares. No, porque no los tenemos, pero también porque creemos que no los necesitamos para contar nuestras verdades, nuestros sueños, nuestras locuras... Y es que durante este tiempo lleno de experiencias hemos aprendido que “Lo importante es que emocione”, o puede que eso nosotros ya lo supiésemos, no lo sé, pero el caso es que Chisteras Blancas no es más que un intento de conseguirlo: un desafío en el que el objetivo es tanto ilusionarnos como ilusionar, queremos divertirnos pero también hacer sonreir, expresarnos y conseguir que nos entiendan. Trabajamos, en definitiva, para contar esas historias que un cliente nunca nos pediría y que nosotros siempre quisimos contar.


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